Hay un momento especialmente curioso cuando trabajas con la IA aplicada a la imagen y es que todo aquello que antes ibas construyendo poco a poco en tu cabeza, para después trasladarlo al CAD y al plano, hoy puedes explicárselo directamente a una inteligencia artificial: dónde está cada mueble, qué materiales has utilizado, qué dimensiones tiene el espacio y, sobre todo, desde dónde entra la luz.
Y apenas unos segundos después te devuelve algo que, al menos a primera vista, parece una fotografía bastante fiel de aquello que habías imaginado.
La madera tiene textura, la luz entra suavemente por la ventana, los tejidos adquieren volumen e incluso aparecen pequeñas sombras y reflejos que hacen que nuestro cerebro deje de interpretar aquello como un modelo 3D y empiece a verlo como una estancia real.
Pues, a bote pronto, yo diría que sí; aunque dejaría un “pero” bastante grande abierto.
Me explico.
Creo que la inteligencia artificial no está haciendo desaparecer estas herramientas. Más bien está cambiando la manera en la que las utilizamos.
Hasta hace relativamente poco comenzábamos construyendo el espacio en tres dimensiones: paredes, ventanas, pavimentos, mobiliario, revestimientos… Después llegaban los materiales, la iluminación y, finalmente, el render.
Y dependiendo de la calidad que necesitabas entregar al cliente, aquello podía durar horas o, incluso… toda la noche. ¿Lo recordáis? 😂
Dejabas el ordenador renderizando y a la mañana siguiente descubrías que una textura no había reaccionado bien con la luz, que algo tenía demasiado brillo o que aquella sombra no funcionaba como esperabas. Y vuelta a empezar: unas cuantas horas más.
Los resultados podían ser extraordinarios, por supuesto, pero detrás de una imagen aparentemente sencilla podía esconderse una cantidad considerable de trabajo.
Y entonces llegó la inteligencia artificial
Y cambió bastante las reglas del juego.
Hoy podemos partir de una imagen relativamente básica y pedir algo como:
Y ocurre algo bastante sorprendente.
Una visualización que todavía tenía cierto aspecto digital empieza a adquirir características que asociamos casi automáticamente con una fotografía. La cortina deja de parecer plana, el sofá empieza a mostrar pequeñas irregularidades, la luz ya no se reparte de manera tan uniforme, aparecen sombras secundarias y las superficies reaccionan de forma algo más natural. El espacio, de repente, tiene atmósfera.
La geometría sigue siendo reconocible, pero la luz, las sombras, los reflejos y la lectura de los materiales cambian por completo la percepción del espacio.
Y es aquí donde aparece el gran “pero”.
Conseguir una imagen espectacular mediante IA no significa necesariamente que esa imagen sea fiel al proyecto que hemos diseñado, ya que la inteligencia artificial interpreta lo que ve y, aunque cada vez lo hace mejor, de vez en cuando se toma ciertas libertades creativas.
Puede cambiar ligeramente una textura, modificar un reflejo, mover algún objeto, alterar una junta o decidir que esa lámpara quedaría mucho mejor unos centímetros más hacia la derecha. Y sí, visualmente puede quedar maravillosa, pero nosotros sabemos que esa no era exactamente la lámpara, ese no era exactamente el azulejo o esa no era la distribución que habíamos proyectado.
Ahí creo que está una de las principales diferencias entre hacer una imagen bonita y crear una buena visualización de un proyecto.
Si estamos explorando una idea podemos jugar muchísimo más. Podemos probar, exagerar, cambiar ambientes y dejarnos sorprender; pero si estamos enseñando a un cliente cómo podría ser su futuro espacio, tenemos que saber perfectamente qué parte pertenece realmente al proyecto y qué parte ha decidido interpretar la IA.
Y precisamente por eso creo que programas como pCon.planner siguen teniendo muchísimo sentido.
Entonces… ¿pCon o inteligencia artificial?
Sinceramente, creo que ya no tenemos que elegir.
pCon continúa haciendo algo fundamental: construir correctamente el espacio. Las medidas son las que son, la distribución está definida, los muebles tienen unas dimensiones determinadas, las paredes están donde deben estar y podemos trabajar con productos, materiales y elementos reales.
Es, por decirlo de una forma sencilla, el esqueleto del proyecto. La IA llega después y hace algo diferente: le pone piel. Añade luz, ambiente, profundidad, pequeñas imperfecciones, sombras y textura. Todo aquello que hace que, cuando enseñamos una imagen a un cliente, ya no tenga que hacer tanto esfuerzo para imaginar cómo podría quedar.
Simplemente empieza a verlo.
Y, curiosamente, la propia pCon ha entendido muy bien hacia dónde está evolucionando todo esto. Con la llegada de pCon.planner 8.15, el programa ya incorpora herramientas de renderizado mediante inteligencia artificial dentro de su propio entorno, de manera que podemos partir de una vista o de un render y utilizar IA para trabajar la iluminación, los materiales, el ambiente o el realismo final de la imagen. Personalmente aún no he probado esta versión, pero la tengo pendiente 😊
Así que aquella supuesta batalla entre “programas tradicionales contra inteligencia artificial” parece que ha durado bastante poco. 😂 Al final, ambos mundos están empezando a mezclarse.
La arquitectura y la composición nacen del proyecto; la IA trabaja sobre su lectura visual, la luz y la sensación fotográfica.
Incluso cambia la forma de incorporar objetos al proyecto
Y aquí hay otro cambio que, personalmente, me parece enorme.
Antes de la IA, si querías incorporar a un render una silla determinada, una lámpara, una mesa o cualquier otro objeto concreto, lo ideal era disponer de su archivo 3D. Y si el fabricante no lo tenía, comenzaba la búsqueda. Y si no aparecía por ningún lado, tocaba intentar modelarlo.
Los que hemos trabajado así sabemos que reproducir un objeto con cierta fidelidad cuando no dispones del modelo podía convertirse fácilmente en una pequeña odisea.
Sin embargo, ahora la situación es muy diferente. En muchos casos podemos hacer una sencilla fotografía del objeto, utilizarla como referencia y pedir a la IA que respete su forma, sus materiales, sus acabados y su aspecto general al introducirlo visualmente dentro de la escena.
Evidentemente, no estamos hablando de que una fotografía se convierta mágicamente en un modelo 3D técnico, preciso y perfectamente medido. Son cosas diferentes. Pero cuando lo que necesitamos es una visualización, puede ahorrarnos muchísimo trabajo.
Y este es uno de esos cambios que quizá parecen pequeños hasta que recuerdas las horas que antes podías pasar buscando aquel modelo 3D que necesitabas desesperadamente y que, por supuesto, no estaba en ninguna parte.
Lo que realmente cambia es nuestra manera de trabajar
Para mí, este es probablemente el punto más interesante de todo.
Antes dedicábamos muchísimo tiempo a llegar técnicamente a una imagen determinada. Ahora podemos dedicar una parte mayor de ese tiempo a decidir cómo queremos que se vea y, sobre todo, cómo queremos que se sienta el espacio.
Podemos probar una luz suave de mañana y, unos minutos después, ver cómo cambia con una iluminación cálida de última hora de la tarde. Podemos llevar el mismo espacio hacia un ambiente más mediterráneo, más minimalista o más sobrio, añadir vegetación, eliminar decoración y comparar alternativas. Y hacerlo sin tener que rehacer durante horas toda la escena cada vez que queremos comprobar una posibilidad.
Desde el punto de vista creativo, esto me parece espectacular, porque ya no hablamos solamente de hacer renders más rápido: hablamos de poder probar mucho más.
Y cuando probar deja de costarnos tantas horas, también empezamos a atrevernos con opciones que posiblemente antes habríamos descartado simplemente por el tiempo que suponía desarrollarlas.
Eso sí: no todo vale
Hay algo que intento tener especialmente presente cuando trabajo con imágenes generadas o mejoradas mediante IA: no dejarme engañar por lo bonita que ha quedado la imagen.
Porque no nos engañemos: la IA coloca una luz preciosa entrando por la ventana, genera unas sombras increíbles, aporta profundidad y consigue que los textiles parezcan completamente reales. Y durante unos segundos solo puedes pensar: Wow…
Pero después toca acercarse un poco más y volver a mirar.
¿Ha mantenido realmente el revestimiento?
¿Ha cambiado el color?
¿Las juntas siguen siendo iguales?
¿Ha modificado algún mueble?
¿Ha añadido algo que no estaba?
¿Las proporciones continúan siendo correctas?
La comparación no sirve solo para admirar el resultado: también obliga a comprobar qué ha respetado la IA y qué ha reinterpretado.
Porque una cosa es utilizar la inteligencia artificial para conseguir una presentación más atractiva, emocional y realista, y otra muy distinta es dejar que nos rediseñe el proyecto sin darnos cuenta.
Creo que el verdadero equilibrio está precisamente ahí: en no sustituir una por otra, sino en utilizar la precisión de las herramientas tradicionales y aprovechar la enorme capacidad visual de la inteligencia artificial.
¿Y hacia dónde vamos?
Probablemente hacia una forma de trabajar cada vez más híbrida.
Seguiremos diseñando y modelando los espacios con herramientas que nos permitan controlar correctamente las medidas, las geometrías, los productos y las distribuciones. Después utilizaremos la IA para ayudarnos a visualizar, experimentar y presentar esos espacios de una manera mucho más cercana a la realidad.
Y para mí la última palabra es quizá la más importante.
Revisamos.
Menos horas esperando un render y más tiempo diseñando
Si pienso en aquellas noches dejando el ordenador renderizando para descubrir a la mañana siguiente que algo había salido mal, sinceramente, no las echo demasiado de menos. 😂
Pero tampoco creo que todo lo que hemos aprendido utilizando programas tradicionales haya dejado de tener sentido. Más bien al contrario.
Entender la luz, los materiales, las proporciones, las cámaras o la composición nos ayuda a pedirle mucho mejor a la IA aquello que queremos conseguir y, sobre todo, a detectar cuándo algo no está bien.
Por eso no creo que estemos asistiendo al final del render tradicional. Creo que simplemente estamos entrando en otra etapa; una en la que herramientas como pCon.planner y la inteligencia artificial no tienen por qué competir entre sí, sino complementarse.
Y, al menos desde mi experiencia, tengo una cosa bastante clara:
si la IA consigue que dediquemos menos horas a mirar una barra de render avanzar y más tiempo a imaginar, probar y diseñar mejores espacios… bienvenida sea.
¿Qué opinas? ¿Echas de menos las largas esperas de renderizado o también te has sumado a la IA para crear tus proyectos?

